Frederick Leighton – The Daphnephoria (detail)
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El grupo se articula alrededor de una figura masculina joven que toca una trompeta o instrumento similar, aparentemente dirigiendo la atención hacia el horizonte. A su alrededor, mujeres jóvenes, vestidas con túnicas de diversos colores y adornadas con coronas de laurel, parecen estar en un estado de trance o éxtasis colectivo. Sus rostros expresan una mezcla de devoción, alegría y quizás, una ligera inquietud. Algunas levantan sus ojos hacia el cielo, mientras que otras miran directamente al espectador, estableciendo una conexión visual que invita a la contemplación.
En la parte izquierda del cuadro, se distinguen figuras adicionales involucradas en actividades relacionadas con el ritual: una mujer recoge ramas o flores, mientras que otro joven porta un instrumento musical y parece estar participando activamente en la celebración. La presencia de elementos arquitectónicos clásicos, como columnas y fragmentos de edificios, sugiere una conexión con la mitología griega o romana, reforzando la idea de un evento sagrado o ceremonial.
La composición general transmite una sensación de misterio y solemnidad. El uso del color es notable; los tonos cálidos dominan la escena, creando una atmósfera de calidez y vitalidad, mientras que el verde intenso del bosque proporciona un telón de fondo exuberante y simbólico. La disposición de las figuras, con su mirada dirigida hacia un punto indefinido en la distancia, sugiere una búsqueda o anhelo espiritual.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como una representación de la conexión entre lo humano y lo divino, o como una alegoría sobre el poder de la música y el ritual para evocar emociones profundas y trascender la realidad cotidiana. La presencia del laurel, símbolo de victoria y honor en la antigüedad clásica, podría aludir a un triunfo espiritual o a la consecución de un objetivo sagrado. El detalle de las expresiones faciales, que oscilan entre la alegría y la inquietud, sugiere una complejidad emocional inherente a la experiencia religiosa o ritualística. La ciudadela distante, aunque pequeña, insinúa una civilización organizada y establecida, contrastando con la naturaleza salvaje del bosque, lo cual podría simbolizar la tensión entre el orden social y la libertad individual.