Frederick Leighton – The Garden of the Hesperides
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Las mujeres exhiben una belleza idealizada, con rasgos suaves y expresiones serenas. Una de ellas, a la izquierda, sostiene un instrumento musical que parece un laúd o cítara, sugiriendo una actividad artística o contemplativa. Otra, en el centro, se recuesta sobre las raíces del árbol, mientras que la tercera, a la derecha, señala hacia una serpiente enrollada alrededor del tronco. Esta serpiente, de aspecto imponente y mirada penetrante, parece ser la guardiana del jardín.
En primer plano, un grupo de aves blancas, presumiblemente cisnes, se posan entre flores silvestres, añadiendo un elemento de gracia y pureza a la escena. El paisaje que se extiende detrás de las figuras es brumoso y distante, con una línea costera difusa que sugiere un horizonte infinito.
La pintura evoca una sensación de paraíso perdido o un edén recuperado. La presencia de las mujeres, símbolos de belleza y fertilidad, junto al árbol cargado de frutos dorados, puede interpretarse como una representación de la abundancia y el placer sensorial. Sin embargo, la serpiente introduce una nota de ambigüedad y posible peligro; su mirada fija sugiere una vigilancia constante, un recordatorio de que incluso en los lugares más idílicos, existe una amenaza latente.
El formato circular de la composición refuerza esta sensación de totalidad e inmensidad, como si el jardín fuera un mundo aislado, autosuficiente y eterno. La técnica pictórica es precisa y detallada, con especial atención a la representación de las texturas: la suavidad de la piel, la rugosidad de la corteza del árbol, la delicadeza de las plumas.
En resumen, esta obra presenta una alegoría visual sobre la belleza, el placer, la vigilancia y la posible corrupción inherente al paraíso. La combinación de elementos naturales y figuras mitológicas crea un ambiente onírico que invita a la reflexión sobre temas universales como la tentación, la inocencia perdida y la búsqueda de la felicidad.