Philadelphia Museum of Art – Judith Leyster, Dutch (active Haarlem and Amsterdam), 1609-1660 -- The Last Drop
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Aquí se observa una escena de marcado contraste lumínico y compositiva, donde la alegría carnal se enfrenta a la inevitabilidad de la muerte. El espacio está delimitado por una oscuridad profunda que acentúa las figuras iluminadas frontalmente. A la izquierda, un hombre con turbante, vestido con ropas oscuras, inclina su rostro para beber de un recipiente que sostiene en sus manos. Su gesto es casi reverente, aunque el contexto inmediato lo desvirtúa.
En el centro, una figura esquelética se sienta sobre una silla, ofreciendo una presencia macabra y silenciosa. La calavera, con sus cuencas vacías, es el punto focal de la composición, un recordatorio visual directo de la mortalidad. La postura del esqueleto, ligeramente inclinada hacia adelante, sugiere una observación pasiva, casi resignada, de los acontecimientos que se desarrollan a su alrededor.
A la derecha, un joven con atuendo rojo vibrante y cabello rizado levanta un vaso en un gesto festivo. Su expresión es despreocupada, incluso jovial, mientras señala con el dedo hacia arriba, como si ofreciera una burla o una invitación a continuar los placeres terrenales. Un trozo de pan que cae de su mano simboliza la fugacidad del sustento y, por extensión, de la vida misma. La luz resalta la textura de sus ropas y la vitalidad aparente de su piel, creando un fuerte contraste con el esqueleto.
La pintura parece explorar la vanitas, un tema recurrente en el arte holandés del siglo XVII. El vino, el pan, la vestimenta lujosa y la alegría efímera son símbolos de los placeres mundanos que se desvanecen ante la presencia ineludible de la muerte. La yuxtaposición de estos elementos sugiere una reflexión sobre la transitoriedad de la existencia humana y la importancia de considerar las consecuencias de nuestros actos. El contraste entre el hombre que bebe, el esqueleto observador y el joven festivo podría interpretarse como una alegoría de las diferentes etapas de la vida o como una advertencia contra la complacencia y la búsqueda desenfrenada del placer. La composición, con su iluminación dramática y sus figuras contrastantes, busca provocar una reflexión en el espectador sobre la naturaleza de la vida y la muerte.