Philadelphia Museum of Art – Gerard David, Netherlandish (active Bruges), first documented 1484, died 1523 -- Lamentation
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El cuerpo principal de la composición es el de un hombre yacente, su anatomía representada con meticuloso detalle, evidenciando una preocupación por la verosimilitud física. Su piel presenta tonalidades pálidas, contrastadas por los ropajes que lo cubren parcialmente. A su alrededor se agolpan tres figuras femeninas: una mujer vestida de azul oscuro y manto rojo, inclinada sobre el cuerpo con gesto de profundo dolor; otra, ataviada de blanco y gris, con la cabeza apoyada en la mano, mostrando un abatimiento silencioso; y una tercera, con túnica verde, que parece observar la escena con una mezcla de tristeza y resignación.
La presencia de una cruz, situada verticalmente sobre el cuerpo, es un elemento clave para comprender la narrativa subyacente. Aunque no se explicita directamente, su ubicación sugiere una conexión con un evento previo, posiblemente una crucifixión. La inclusión de un cráneo en primer plano, a los pies del difunto, refuerza esta interpretación, aludiendo a la mortalidad y la fragilidad de la existencia humana.
La luz juega un papel fundamental en la composición. Proviene de una fuente externa, iluminando selectivamente las figuras y el cuerpo principal, mientras que otras áreas permanecen sumidas en la penumbra. Este contraste acentúa el dramatismo de la escena y dirige la mirada del espectador hacia los puntos focales.
En cuanto a los subtextos, se percibe un fuerte énfasis en el sufrimiento humano, la pérdida y la compasión. La disposición de las figuras, sus expresiones faciales y su lenguaje corporal sugieren una profunda conexión emocional entre ellas. El paisaje distante, con su ciudadela fortificada, podría interpretarse como un símbolo de esperanza o redención, contrastando con la desesperación palpable en el primer plano. La meticulosidad en los detalles, tanto en las figuras como en el entorno natural, denota una intención de representar no solo un evento específico, sino también una reflexión sobre la condición humana y su relación con lo divino. La pintura invita a la contemplación silenciosa del dolor y la pérdida, invitando al espectador a participar emocionalmente en la escena representada.