Carl Larsson – The Old Man and the Nursery Garden
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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En primer plano, un estanque tranquilo refleja con fidelidad los elementos del paisaje, duplicando la imagen y creando una sutil ambigüedad entre realidad e ilusión. La superficie acuática, pintada con pinceladas sueltas y vibrantes, captura el movimiento imperceptible de la luz sobre el agua.
Dos figuras humanas se integran en este entorno natural. Una, ubicada a la izquierda, parece observar el jardín desde una distancia prudencial. La otra, situada más cerca del espectador, está absorta en una tarea que implica el cuidado del terreno; posiblemente podando o removiendo vegetación con un instrumento de trabajo. Su postura inclinada y su concentración sugieren una conexión íntima con la tierra y sus ritmos.
La vivienda, ubicada al fondo, se presenta como un refugio humilde pero acogedor. Sus ventanas, algunas abiertas, insinúan la presencia de vida en su interior. La arquitectura es simple, sin adornos superfluos, lo que refuerza la idea de una existencia ligada a la naturaleza y al trabajo manual.
El jardín mismo es el verdadero protagonista de la composición. Una exuberante vegetación, compuesta por hierbas altas, arbustos y árboles jóvenes, crea un tapiz verde salpicado de flores silvestres. La diversidad de texturas y tonalidades contribuye a la riqueza visual de la escena.
Más allá de su valor descriptivo, esta pintura parece explorar temas relacionados con el paso del tiempo, la conexión entre el hombre y la naturaleza, y la contemplación silenciosa de la vida cotidiana. El anciano que trabaja en el jardín podría interpretarse como un símbolo de la sabiduría acumulada a lo largo de los años, mientras que el estanque refleja no solo el paisaje, sino también la introspección y la memoria. La escena evoca una sensación de nostalgia y melancolía, pero también de paz y serenidad. El autor parece invitar al espectador a detenerse y apreciar la belleza simple y efímera del mundo natural.