Carl Larsson – One Home
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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A lo largo de las orillas, se observan construcciones modestas: viviendas y edificios de aspecto sencillo, delineados con trazos precisos que sugieren una comunidad rural o suburbana. La arquitectura es funcional, sin adornos ostentosos; esto refuerza la impresión de un entorno humilde y cotidiano. Los árboles desnudos, con sus ramas delgadas y retorcidas, se alzan como testigos silenciosos del invierno, enfatizando la desnudez y la falta de vida aparente.
La paleta cromática es deliberadamente limitada: tonos grises, marrones y blancos dominan la composición. Esta restricción contribuye a crear una atmósfera opresiva y sombría, acentuada por la ausencia casi total de color vibrante. El uso del blanco para representar la nieve no es uniforme; se aprecia una variedad de texturas y tonalidades que sugieren la complejidad del paisaje nevado, desde la nieve fresca hasta el hielo formado en el río.
En primer plano, un pequeño cerco rojo, parcialmente cubierto por la nieve, introduce un elemento de color que llama la atención. Su presencia, aunque discreta, sugiere una delimitación, un espacio propio dentro del vasto entorno invernal. Podría interpretarse como un símbolo de refugio o de pertenencia en medio de la frialdad y el aislamiento.
La perspectiva es clara y directa, invitando al espectador a adentrarse en el paisaje. Sin embargo, la ausencia de figuras humanas intensifica la sensación de soledad y desolación. La obra no narra un evento específico; más bien, evoca una atmósfera general de introspección y contemplación.
Subyacentemente, se percibe una reflexión sobre la fragilidad de la existencia humana frente a la fuerza implacable de la naturaleza. La imagen transmite una sensación de quietud premonitoria, como si el invierno fuera un preludio a algo más profundo o significativo. La simplicidad del entorno y la ausencia de detalles superfluos sugieren una búsqueda de lo esencial, una invitación a contemplar la belleza austera de la vida en sus términos más básicos. El cerco rojo, aislado en su pequeño espacio, podría simbolizar la esperanza persistente incluso en las circunstancias más adversas.