Andrea Mantegna – Parnassus (1497)
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En la parte alta, sobre el promontorio pétreo, destaca un hombre con armadura, portando una rama de laurel, junto a una mujer de belleza idealizada, ataviada con ropajes vaporosos y una expresión serena. La luz incide sobre ellos, enfatizando su posición de autoridad y divinidad. La arquitectura que se adivina tras la mujer sugiere un templo o santuario, reforzando la idea de un lugar sagrado.
El nivel inferior está lleno de movimiento. Un grupo heterogéneo de figuras, jóvenes y doncellas, se desplazan en una coreografía aparentemente espontánea. Sus vestimentas, de colores vivos y tejidos fluidos, contribuyen a la sensación de dinamismo y alegría. Se percibe una atmósfera festiva, aunque también hay un dejo de melancolía en algunas expresiones.
En el extremo derecho, un jinete montado sobre un caballo alado se abre paso entre la multitud. Su presencia introduce un elemento de fuerza y poder, pero también de misterio, dado que su figura parece emerger de una zona más oscura del paisaje. La postura del jinete, con la lanza en alto, sugiere un gesto de saludo o bienvenida a los presentes.
El paisaje de fondo es idealizado, con montañas suaves y un cielo azul claro. La perspectiva aérea difumina las distancias, creando una sensación de profundidad y vastedad. El uso de la luz es fundamental para crear el ambiente general: una luz dorada e intensa que baña la escena, resaltando los colores y dando a la composición una cualidad casi irreal.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la armonía entre lo divino y lo humano, la belleza idealizada, la celebración de las artes y la poesía, y el poder del liderazgo. La disposición de las figuras sugiere una jerarquía social y espiritual, con los personajes superiores representando a los dioses o gobernantes, mientras que los inferiores simbolizan al pueblo o a los artistas. La presencia del caballo alado podría interpretarse como un símbolo de inspiración divina o de la capacidad humana para trascender los límites terrenales. La composición en su conjunto evoca una época de renacimiento cultural y artístico, donde se buscaba recuperar los valores estéticos y filosóficos de la antigüedad clásica.