Giles Laroche – Bridges Are To Cross
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A lo largo del puente avanza una figura solitaria, vestida con ropas que sugieren una conexión con tradiciones orientales. Su postura es pausada, casi meditativa, como si estuviera absorta en el entorno que le rodea. La presencia de esta figura introduce un elemento humano a la escena, pero sin perturbar la quietud general del lugar.
El paisaje se extiende más allá del puente, mostrando una orilla verde con vegetación exuberante y una estructura arquitectónica que podría interpretarse como un pabellón o santuario. La disposición de los árboles, cuidadosamente recortados, sugiere un diseño intencional, propio de jardines tradicionales. Un ave blanca, posiblemente una garza, se encuentra tanto en la orilla como reflejada en el agua, reforzando la sensación de paz y armonía con la naturaleza.
El uso del color es notable: los azules vibrantes del agua contrastan con los tonos verdes de la vegetación y los marrones cálidos de la madera del puente. La luz parece ser uniforme, sin sombras marcadas, lo que contribuye a una atmósfera onírica y atemporal.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como una reflexión sobre el viaje, tanto físico como espiritual. El puente simboliza un paso hacia lo desconocido, una transición entre dos puntos. La figura solitaria representa al individuo en su búsqueda personal, enfrentándose a sus propios desafíos y contemplando la belleza del mundo que le rodea. La quietud del paisaje invita a la introspección y a la conexión con uno mismo. El conjunto sugiere una invitación a valorar el presente y a apreciar los momentos de calma en medio del flujo constante de la vida.