Ludovico Mazzolino – mazzolino3
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El plano frontal está ocupado por cuatro figuras centrales: una mujer vestida con ropas modestas y un velo, un hombre de edad avanzada tocando un instrumento musical (posiblemente una flauta o similar), una figura masculina ataviada con hábitos monásticos, y una joven sosteniendo en sus brazos a un infante. La mujer y el anciano parecen compartir una relación cercana, sentados uno junto al otro y mostrando gestos que sugieren afecto y contemplación. El hombre religioso se inclina hacia la escena, como ofreciendo reverencia o bendición. El niño, situado en el centro de la composición, irradia un aura de pureza e inocencia.
Detrás de este grupo, una imponente estructura arquitectónica domina la vista. Se trata de una especie de nicho o altar decorado con esculturas y relieves que representan figuras aladas y escenas alegóricas. Esta arquitectura no solo sirve como telón de fondo, sino que también establece una jerarquía visual, elevando a los personajes principales y sugiriendo su conexión con lo divino. La luz, aunque uniforme, resalta la volumetría de las esculturas y acentúa el dramatismo del conjunto.
La paleta cromática es contenida, dominada por tonos terrosos y ocres que contribuyen a una atmósfera de solemnidad y recogimiento. Los ropajes son ricos en detalles, con pliegues cuidadosamente representados que añaden textura y profundidad a la composición.
Subtextualmente, la pintura parece aludir a temas como la maternidad, la virtud religiosa, la música como expresión del espíritu, y la conexión entre el mundo terrenal y lo celestial. La presencia del monje sugiere una dimensión de penitencia y devoción, mientras que la música podría simbolizar la armonía cósmica o la gracia divina. La arquitectura monumental, con sus esculturas profusas, refuerza la idea de un orden superior y una trascendencia espiritual. El conjunto transmite una sensación de paz y serenidad, invitando a la contemplación y a la reflexión sobre los misterios de la fe.