Domenico Ghirlandaio – PORTRAIT OF AN OLD MAN WITH A CHILD LOUVRE
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El niño, en contraste, irradia juventud y vitalidad. Su cabello rubio está peinado con elaborados rizos, y su rostro se inclina hacia el anciano, como buscando consuelo o atención. La proximidad física entre ambos sugiere una relación íntima, posiblemente de parentesco – abuelo y nieto, quizás – pero la falta de contacto visual directo introduce una sutil distancia emocional.
El fondo del retrato está dividido en dos partes. A la izquierda, un espacio oscuro y casi negro enfatiza la figura central y crea una sensación de profundidad. A la derecha, se abre una ventana que revela un paisaje idealizado: montañas suaves, un camino sinuoso y una ciudadela fortificada a lo lejos. Este paisaje, con su atmósfera serena y sus colores claros, contrasta fuertemente con el rostro del anciano y sugiere una aspiración hacia la belleza, la paz o incluso un paraíso perdido.
La composición en sí misma es notable por su asimetría deliberada. La figura del anciano ocupa la mayor parte del espacio a la izquierda, mientras que el niño y el paisaje se concentran en la derecha, creando un equilibrio visual inusual pero efectivo. El uso de colores también es significativo: el rojo intenso de la túnica del anciano contrasta con los tonos más suaves del rostro del niño y del paisaje, atrayendo la atención hacia la figura principal y enfatizando su importancia dentro de la escena.
Subtextualmente, esta obra podría interpretarse como una meditación sobre el paso del tiempo, la fragilidad de la vida y la transmisión de valores entre generaciones. El anciano representa la experiencia, la sabiduría acumulada a lo largo de los años, mientras que el niño simboliza la esperanza, la inocencia y el futuro. La yuxtaposición de estas dos figuras genera una tensión emocional que invita a la reflexión sobre la condición humana y la inevitabilidad del cambio. El paisaje al fondo podría interpretarse como un símbolo de trascendencia o de un ideal inalcanzable, contrastando con la realidad tangible representada por el anciano y el niño. La pintura, en su conjunto, evoca una sensación de nostalgia y contemplación, invitando al espectador a considerar la relación entre el pasado, el presente y el futuro.