Oscar Dominguez – #15828
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El autor ha dispuesto un paisaje fragmentado y distorsionado en la parte central de la obra. Se observa una estructura arquitectónica o vegetal, con elementos puntiagudos que se elevan desde una base ondulante. Esta sección está enmarcada por arcos concéntricos que parecen surgir del propio cuerpo del elefante, creando una sensación de irrealidad y desorientación espacial. La paleta de colores aquí es más vibrante, con tonos verdes y azules que contrastan con la oscuridad predominante del animal.
El fondo se presenta como un horizonte difuso, pintado en tonos pastel que evocan una atmósfera crepuscular o onírica. La luz parece emanar desde atrás, iluminando sutilmente el paisaje distante y acentuando la sensación de profundidad.
Subtextualmente, la obra plantea interrogantes sobre la relación entre lo natural y lo artificial, lo sólido y lo ilusorio. El elefante, símbolo de fuerza y estabilidad, se convierte en un soporte para una construcción fantástica que desafía las leyes de la física. La yuxtaposición de estos elementos sugiere una reflexión sobre la fragilidad de la realidad y la capacidad del subconsciente para transformar nuestra percepción del mundo. La presencia imponente del elefante podría interpretarse como una metáfora de la memoria, el poder o incluso la represión, mientras que el paisaje distorsionado representa un universo interior fragmentado y en constante cambio. La composición invita a la contemplación y a la interpretación subjetiva, dejando al espectador la tarea de desentrañar sus múltiples significados.