Georg Desmarees – Sofia Gyllenstierna of Ulaborg (1682-1722), friherrinna, g.m. friherre Adolf Herman Wrangel of Lindeberg
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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La mujer se presenta con una expresión serena y contenida; sus ojos miran directamente al espectador, transmitiendo una sensación de confianza y compostura. La boca está ligeramente entreabierta, insinuando una sonrisa discreta que suaviza su semblante y le otorga un aire de accesibilidad, aunque sin perder la distancia propia de su estatus social.
El peinado es complejo, característico de la época, con rizos elaborados que enmarcan el rostro y sugieren cuidado y atención al detalle. La vestimenta es rica y ostentosa: se distingue una chaqueta o sobretodo de color rojo coral, drapeado con elegancia sobre los hombros, y un vestido interior visible a través del escote, adornado con encajes y detalles florales que denotan riqueza y buen gusto. El contraste entre el rojo vibrante y el verde oscuro del vestido subraya la figura y añade profundidad al retrato.
La iluminación es suave y uniforme, sin fuertes contrastes de claroscuro, lo cual contribuye a crear una atmósfera de calma y refinamiento. La luz modela delicadamente los rasgos faciales y resalta la textura de las telas, acentuando su valor material.
Más allá de la representación literal, el retrato parece buscar transmitir un mensaje sobre la posición social y el carácter de la retratada. El gesto contenido, la vestimenta lujosa y la mirada directa sugieren una mujer consciente de su rango y poder, pero también capaz de mostrar cierta humanidad y accesibilidad. La formalidad del retrato, junto con la ausencia de elementos anecdóticos o narrativos, refuerza la idea de un ideal de nobleza: dignidad, compostura y refinamiento. Se intuye una voluntad de perpetuar una imagen de estabilidad y solidez, valores asociados a la aristocracia en el siglo XVIII. La pintura, por tanto, no es solo un retrato individual, sino también una declaración sobre el estatus social y los ideales de una época.