Vasily Tropinin – Family portrait. Unknown man with his wife and child on the couch
Ubicación: The State Tretyakov Gallery, Moscow (Государственная Третьяковская галерея).
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El hombre, situado a la izquierda, presenta una expresión seria, casi melancólica, con la mirada dirigida hacia abajo. Su atuendo, aunque formal –un abrigo oscuro– parece descuidado, contribuyendo a una impresión de introspección o quizás de cierta incomodidad ante la representación. La mujer, ubicada en el centro, se inclina ligeramente hacia el hombre y sostiene al niño en sus brazos. Su rostro muestra una expresión más suave, un intento de equilibrio frente a la gravedad del varón. El niño, posicionado sobre los muslos de la madre, parece ajeno a la atmósfera que lo rodea; su mirada es difusa, su postura relajada.
El sofá, elemento central de la composición, se extiende diagonalmente en el plano, creando una sensación de profundidad y dinamismo. La tela del sofá presenta un patrón floral apenas insinuado, desdibujado por la pincelada rápida. El fondo, sumamente oscuro y poco definido, sugiere un interior doméstico, posiblemente una sala de estar, aunque los detalles arquitectónicos son escasos y ambiguos. Una cortina o tapiz se vislumbra a la derecha, aportando una nota de opulencia contenida.
La paleta cromática es limitada, dominada por tonos terrosos –marrones, ocres, verdes apagados– que refuerzan la atmósfera sombría y reflexiva del retrato. La luz, tenue y difusa, incide sobre las figuras desde un ángulo indeterminado, creando sombras sutiles que modelan sus rostros y acentúan su individualidad.
Más allá de la representación literal de una familia, el cuadro parece explorar temas como la relación entre los miembros de una unidad familiar, la carga emocional del deber o la responsabilidad, y la fugacidad del tiempo. La expresión contenida en los rostros de los personajes sugiere una historia no dicha, un conflicto interno que permanece oculto a primera vista. El contraste entre la formalidad del hombre y la calidez maternal de la mujer crea una tensión sutil que invita a la reflexión sobre las dinámicas familiares y el peso de las expectativas sociales. La presencia del niño, inocente e inconsciente, añade una dimensión melancólica al conjunto, sugiriendo la fragilidad de la felicidad familiar frente a las presiones del mundo exterior.