Girl with a pot of roses Vasily Tropinin (1776-1857)
Vasily Tropinin – Girl with a pot of roses
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Pintor: Vasily Tropinin
Esta obra, data de 1850. En aquella época, la fama de su autor, Vasily Tropinin, un magnífico retratista que se convirtió en el pionero de un nuevo y singular género de la vida cotidiana, se estaba apagando, por desgracia, lentamente. Pero este estado de cosas no hace más que animar al artista. Sigue pintando y probando cosas nuevas, manteniéndose fiel a sus principios de representar a personas que viven una vida feliz y alegre. "La chica de la maceta de rosas" es una obra maestra y la coronación de los logros de Tropinin.
Descripción del cuadro "Muchacha con una maceta de rosas" de Vasily Tropinin
Esta obra, data de 1850. En aquella época, la fama de su autor, Vasily Tropinin, un magnífico retratista que se convirtió en el pionero de un nuevo y singular género de la vida cotidiana, se estaba apagando, por desgracia, lentamente.
Pero este estado de cosas no hace más que animar al artista. Sigue pintando y probando cosas nuevas, manteniéndose fiel a sus principios de representar a personas que viven una vida feliz y alegre.
"La chica de la maceta de rosas" es una obra maestra y la coronación de los logros de Tropinin. El cuadro muestra a una joven sirvienta inmersa en las tareas domésticas. Al fondo, si se mira con atención, se ve el lienzo girado hacia el interior, y podemos suponer que el artista ha representado su estudio. El inusual uso de colores oscuros por parte del maestro acentúa la imagen luminosa de la niña, toda ella bañada en luz y pintada en refinados tonos dorados y marrones.
La tela de su vestido está adornada, lleva pequeños pendientes en las orejas y un fino hilo de cuentas asoma por debajo de su chal. Su pelo negro azabache, aunque despeinado, acentúa la redondez y la suavidad de su rostro. La chica es tan joven y hermosa como las rosas que tiene en sus manos, y así los detalles aparentemente insignificantes expresan la coquetería y el deseo de exhibirse que es inherente a cualquier mujer.
La figura abierta, de ojos rectos y juguetones, y segura de sí misma, de la doncella, crea una maravillosa sensación de dinamismo en todo el cuadro. El fondo oscuro matiza la imagen romántica y aérea de la chica. Es como un capullo de rosa, listo para abrirse en toda su gloria. Incluso en un día tan ordinario, haciendo las tareas de la casa, sin un séquito pomposo, la chica cautiva y encanta con su aspecto.
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En el lienzo se observa a una joven de pie en un interior doméstico, posiblemente una cocina o sala contigua. La figura central es una muchacha que sostiene con delicadeza un macetero ornamentado repleto de rosas en floración. Su mirada, directa al espectador, sugiere una cierta introspección y reserva.
La vestimenta de la joven – un vestido sencillo, un delantal y una pañoleta anudada alrededor del cuello– indica una posición social modesta o rural. Sin embargo, el macetero que porta es notablemente elaborado, con relieves decorativos que contrastan con la sencillez de su atuendo. Este contraste podría aludir a aspiraciones sociales o a un valor simbólico atribuido a las flores y la naturaleza.
La luz incide sobre el rostro de la muchacha y el macetero, destacando estos elementos frente al fondo oscuro e indefinido. La paleta cromática es terrosa y apagada, con tonos ocres, marrones y grises predominantes, lo que refuerza una atmósfera de quietud y recogimiento.
La presencia del recipiente vacío en su mano izquierda podría interpretarse como un símbolo de potencialidad o de la labor cotidiana. Las rosas, tradicionalmente asociadas al amor, la belleza y la juventud, podrían representar la inocencia y el florecimiento de la vida femenina.
En conjunto, la pintura sugiere una reflexión sobre la condición social, la feminidad y la relación entre la naturaleza y la cultura. La expresión serena pero atenta de la joven invita a contemplar su interioridad y a cuestionar las circunstancias que definen su existencia. El autor parece interesado en capturar un momento de transición o de espera, donde la belleza natural se entrelaza con la realidad humilde del entorno doméstico.