Francisco Jose De Goya y Lucientes – The dog, 1820-23, 134x80 cm, Oil on plaster remounted o
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En primer plano, se distingue la silueta oscura de un perro, posicionado en el borde inferior de la composición. Su forma es apenas delineada, casi fundiéndose con la tierra que lo sustenta, lo que acentúa su vulnerabilidad y aislamiento. La falta de detalles precisos en la representación del animal contribuye a una sensación de misterio e indefinición; no se trata tanto de representar un perro específico como de evocar la idea misma de la compañía canina, o quizás, de la soledad.
La composición vertical acentúa la sensación de encierro y limitación. El espacio parece comprimido entre el fondo luminoso y la tierra oscura, sin ofrecer una salida visible. Esta disposición puede interpretarse como una metáfora de la opresión psicológica o emocional.
El uso del color y la luz sugiere una atmósfera melancólica y contemplativa. La calidez dorada del fondo contrasta con la oscuridad del perro y el suelo, creando una tensión visual que invita a la reflexión sobre temas como la soledad, la pérdida, o la búsqueda de consuelo en un entorno hostil. La técnica pictórica, con su pincelada expresiva y su tratamiento difuso de las formas, refuerza esta impresión de introspección y desasosiego. La obra parece más que una simple representación de un perro; es una exploración visual del estado anímico y la condición humana.