Susan Terpning – lrs Terpning Susan First Pony
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El niño, desnudo del torso y vestido con un taparrabos decorado con motivos geométricos, se muestra ligeramente tenso, quizás nervioso por la novedad de montar a caballo. Su postura es rígida, sus manos aferradas al forro de cuero que sirve como silla de montar improvisada. La expresión en su rostro es difícil de leer; podría ser una mezcla de temor y anticipación.
Dos hombres adultos se encuentran a ambos lados del caballo. Uno, vestido con un atuendo tradicional adornado con plumas, parece guiar o estabilizar al joven mientras éste monta. Su mano está colocada sobre el hombro del niño, transmitiendo una sensación de apoyo y seguridad. El otro hombre, con la cara pintada y ataviado con pieles y plumas, observa atentamente la escena, su mirada dirigida hacia el joven montado. Su postura es más distante, pero no menos significativa; parece ser un observador, quizás un mentor o un líder que evalúa el progreso del niño.
El caballo blanco domina la composición por su tamaño y luminosidad. Su presencia simboliza poder, libertad y conexión con la naturaleza – elementos centrales en la cultura representada. La elección de un caballo blanco podría aludir a pureza, nobleza o incluso una figura espiritual.
En el fondo, se vislumbra un paisaje árido con vegetación escasa y montañas distantes. La presencia del agua, aunque limitada, sugiere una fuente vital en este entorno desértico. La composición general transmite una sensación de aislamiento y dependencia del entorno natural.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas de iniciación, transmisión cultural y el vínculo entre los individuos y su comunidad. El acto de montar a caballo podría representar un paso importante en la vida del joven, una preparación para asumir responsabilidades adultas dentro de su tribu. La escena evoca también una reflexión sobre la relación entre el hombre y el animal, así como la importancia de la tradición oral y la guía de los mayores en la formación de las nuevas generaciones. La quietud y la luz suave sugieren un momento de contemplación y respeto por el legado cultural que se está transmitiendo. La ausencia de elementos modernos refuerza la sensación de una escena atemporal, arraigada en un pasado ancestral.