Gustav Moreau – the unicorns 1887
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Más allá de esta pareja central, el autor ha dispuesto un grupo de figuras femeninas vestidas con indumentaria rica y elaborada. Una de ellas, coronada con una ornamentada tocado, parece presidir la escena, mientras que otras se funden en la penumbra del bosque, creando una sensación de misterio y profundidad. La presencia de otros unicornios, uno más pequeño a los pies de la figura principal, refuerza el simbolismo central de la obra.
El paisaje que sirve de telón de fondo es igualmente significativo. Un lago sereno se extiende hasta perderse en la distancia, donde un castillo o fortaleza se alza sobre una colina lejana. La vegetación exuberante y los árboles frondosos contribuyen a crear una atmósfera de ensueño, mientras que el uso del color – predominando tonos dorados, verdes y ocres – intensifica la sensación de opulencia y fantasía.
Subyacentemente, esta pintura parece explorar temas relacionados con la feminidad, la pureza, la fertilidad y el poder mágico. La figura femenina central podría interpretarse como una representación de la naturaleza o de un arquetipo femenino primordial, mientras que los unicornios simbolizan la gracia, la inocencia y la conexión con lo divino. El castillo distante sugiere un ideal inalcanzable, un reino de fantasía al que se aspira pero que permanece fuera del alcance terrenal. La composición en su conjunto evoca una sensación de nostalgia por un mundo perdido o imaginado, donde la belleza y el misterio reinan supremos. Se intuye una narrativa fragmentada, una escena capturada en un momento efímero de un relato más amplio, dejando al espectador con la tarea de completar los huecos y desentrañar su significado oculto.