Domenec Pascual Badia – #40467
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El muro, construido con ladrillo visto, se presenta como un elemento divisor crucial. No es una barrera impenetrable, sino que permite vislumbrar el espacio que se extiende detrás: un campo verde salpicado por la luz del sol y flanqueado por árboles de follaje denso. Una arcada, integrada en el muro, ofrece una perspectiva hacia ese jardín interior, sugiriendo un recorrido o una transición a un lugar más amplio y abierto.
La técnica pictórica es notablemente texturizada; pinceladas gruesas y visibles construyen la imagen, otorgándole una cualidad táctil y casi palpable. La luz, aunque presente, no define contornos precisos sino que se difunde en halos cálidos sobre las superficies, contribuyendo a una atmósfera de calma y serenidad.
Más allá de la representación literal del jardín, la obra parece explorar temas relacionados con el paso del tiempo y la memoria. El muro, como vestigio de una construcción anterior, alude a un pasado presente, mientras que la vegetación exuberante simboliza la persistencia de la vida y la renovación constante. La arcada, en particular, funciona como un portal simbólico, invitando a la reflexión sobre el acceso a recuerdos o experiencias pasadas. La composición, con su equilibrio entre elementos naturales y artificiales, sugiere una armonía sutil entre lo humano y la naturaleza, aunque también insinúa una cierta melancolía inherente al paso del tiempo y la inevitabilidad de la decadencia. El color rojo, presente en las flores, introduce un elemento de pasión o intensidad que contrasta con la quietud general de la escena.