Domenec Pascual Badia – #40476
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Más allá del campo floreciente, se aprecia una extensión de viñedos ordenados y alineados, que se integran en la pendiente de la colina. Entre los viñedos, algunas estructuras blancas, presumiblemente viviendas o dependencias agrícolas, añaden un elemento humano a la escena, aunque discretos y subordinados al paisaje natural. Un grupo de árboles, con una copa frondosa y densa, se sitúa en el centro del plano medio, actuando como punto focal visual y creando una barrera sutil entre los diferentes niveles del terreno.
La paleta cromática es rica en tonos verdes, que varían desde el amarillo verdoso hasta el verde oscuro, transmitiendo una sensación de vitalidad y exuberancia. El rojo intenso de las flores aporta un contraste llamativo y una nota de alegría. La luz parece ser uniforme y difusa, sin sombras marcadas, lo que contribuye a la atmósfera general de calma y serenidad.
Subtextualmente, la pintura evoca una conexión profunda con la tierra y el ciclo natural de las estaciones. El campo floreciente puede simbolizar la fertilidad y la abundancia, mientras que los viñedos sugieren un trabajo humano en armonía con la naturaleza. La colina imponente representa la permanencia y la estabilidad del paisaje. La presencia discreta de la arquitectura humana sugiere una relación respetuosa entre el hombre y su entorno. En conjunto, la obra transmite una sensación de paz, contemplación y una celebración silenciosa de la belleza rural.