Elias Martin – Maria Gyllenstierna of Lundholm (1716-1783)
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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La paleta cromática es deliberadamente restringida; predomina el negro, matizado con grises profundos y toques sutiles de azul en la vestimenta. Esta limitación del color contribuye a crear una atmósfera opresiva y misteriosa, acentuada por la ausencia casi total de detalles en el fondo. La luz, aunque escasa, se concentra sobre el rostro y las manos de la mujer, sugiriendo un foco de atención que dirige la mirada del espectador hacia estos elementos.
En sus manos, sostiene lo que parece ser una copa o recipiente pequeño, cuyo interior refleja fragmentos de luz, como si contuviera un brillo interno. Este objeto podría interpretarse simbólicamente; quizás representa la fragilidad, la vulnerabilidad, o incluso una fuente de consuelo en medio de la adversidad.
La composición es vertical y austera. La figura se alza casi solitaria, sin elementos que proporcionen contexto o referencia a un entorno específico. Esta ausencia de referencias externas intensifica la sensación de introspección y aislamiento que emana del retrato. El espacio oscuro que rodea a la mujer no solo actúa como fondo, sino que parece envolverla, sugiriendo una carga emocional o una situación existencial compleja.
La pincelada es suelta y expresiva, con trazos visibles que contribuyen a la atmósfera de misterio e intimidad. No se busca la perfección mimética, sino más bien transmitir una impresión general, un estado de ánimo. La técnica refuerza la idea de una representación psicológica más que física; el interés reside en captar la esencia interior del personaje.
En conjunto, la obra transmite una sensación de introspección y melancolía, invitando a la reflexión sobre temas como la soledad, la pérdida o la fragilidad humana. La ausencia de detalles concretos permite al espectador proyectar sus propias interpretaciones y emociones en la imagen, creando una experiencia contemplativa personal.