Fresco in Church of the Transfiguration, Kizhi, Lake Onega, Karelia
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El hombre está representado de medio cuerpo, con un rostro marcado por la severidad y una barba espesa, oscura y bien definida. Su mirada es directa, penetrante, transmitiendo una mezcla de autoridad y serenidad. La piel tiene un tono terroso, casi bronceado, que contrasta con el blanco del turbante o nimbo que lo rodea, señalando su santidad.
El vestuario es particularmente llamativo. Viste una túnica elaborada con múltiples capas, adornada con una repetición constante de cruces negras sobre un fondo blanco. Esta iconografía de los cruces no solo sirve como elemento decorativo, sino que también refuerza la naturaleza cristiana del personaje y su conexión con el sacrificio redentor. La profusión de cruces sugiere una vida dedicada al servicio religioso y a la contemplación de la fe.
En su mano izquierda sostiene un libro encuadernado en rojo, posiblemente un Evangelio o un texto sagrado. Este objeto simboliza el conocimiento divino y la transmisión de la palabra de Dios. La posición del libro, ligeramente abierto, invita a la lectura y a la reflexión sobre sus enseñanzas.
Las inscripciones jerárquicas situadas en los cartuchos superiores, escritas en cirílico, identifican al personaje y posiblemente ofrecen una breve biografía o atributo. La tipografía es formal y estilizada, acorde con el lenguaje visual de las iconografías religiosas ortodoxas.
Subtextualmente, la pintura evoca temas de fe, devoción, sacrificio y autoridad espiritual. El uso del color, la composición vertical y la iconografía específica contribuyen a crear una atmósfera de reverencia y respeto. La figura representada se presenta como un intermediario entre el mundo terrenal y lo divino, un modelo de virtud y piedad para los fieles. La repetición del motivo crucífero podría interpretarse también como una representación visual de la lucha contra el pecado y la perseverancia en la fe. El rostro severo sugiere una vida de disciplina y renuncia a los placeres mundanos.