Icon of the Mother of God of Three Hands
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El niño, a su vez, porta una vestimenta verde esmeralda, contrastando con la tonalidad dominante del rojo. Una característica singular e inusual es que la figura femenina presenta tres manos visibles; dos sostienen al niño y una tercera se extiende hacia el espectador en un gesto de ofrenda o bendición. Esta peculiaridad iconográfica resulta inmediatamente llamativa y sugiere una desviación deliberada de las convenciones representativas habituales.
El fondo dorado, característico del arte bizantino, contribuye a la atmósfera de trascendencia y espiritualidad. La ornamentación que rodea la imagen central es rica en detalles: filigranas geométricas y motivos vegetales estilizados se entrelazan en un complejo diseño que refuerza la sensación de opulencia y devoción. Se perciben inscripciones jerárquicas, probablemente nombres o títulos religiosos, dispuestas sobre una banda horizontal que cruza el cuerpo de la figura femenina.
Más allá de la representación literal, esta imagen parece invitar a la reflexión sobre temas como la maternidad, la divinidad y el sacrificio. La mano extendida podría interpretarse como un símbolo de compasión, intercesión o incluso una invitación a participar en un acto sagrado. La desviación iconográfica –la tercera mano– introduce un elemento de misterio e invita a la interpretación alegórica, sugiriendo quizás una función especial o un atributo divino particular que trasciende la comprensión humana ordinaria. La palidez del rostro de la mujer y el tono oscuro del niño podrían aludir a la tristeza inherente a la condición humana y a los sacrificios necesarios para alcanzar la redención espiritual. En definitiva, se trata de una obra que busca evocar un sentimiento de reverencia y contemplación profunda en el espectador.