Chinese artists of the Middle Ages (贯休 - 十六罗汉图·阿氏多) – Guan Xiu
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Aquí se observa una representación de un anciano sentado sobre lo que parece ser una formación rocosa. La figura domina la composición vertical, ocupando casi toda la extensión del plano pictórico. Su postura es relajada, con una pierna doblada y el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante. Una mano está extendida en un gesto abierto, como si ofreciera algo o invitara a la contemplación, mientras que la otra se apoya sobre su pecho desnudo.
La piel del anciano muestra signos evidentes de la edad: arrugas profundas surcan su rostro y cuello, y la calvicie es casi total, con algunos cabellos dispersos alrededor de las sienes. La expresión facial es compleja; una mezcla de serenidad y cierta melancolía se percibe en sus ojos hundidos. La boca esboza una leve sonrisa que no alcanza a disipar por completo la tristeza implícita en su semblante.
El anciano viste un manto, o kesa, con colores vibrantes: verdes, azules y amarillos. El tejido parece fluido y drapeado, creando volúmenes y sombras que enfatizan la forma del cuerpo. La disposición de las ropas sugiere una cierta humildad y desapego material.
El fondo es uniforme, de un tono ocre-amarillento que contribuye a crear una atmósfera contemplativa y casi mística. La textura del soporte parece antigua, con marcas y grietas que añaden carácter y autenticidad a la obra. Se aprecia también una mancha roja en la parte inferior, posiblemente resultado de algún tipo de intervención posterior o daño sufrido por el soporte original.
Subtextualmente, la pintura sugiere temas relacionados con la sabiduría, la paciencia y la aceptación del paso del tiempo. La desnudez parcial del anciano podría simbolizar la renuncia a las posesiones materiales y la vulnerabilidad inherente a la condición humana. El gesto de la mano extendida invita a la reflexión sobre la naturaleza de la existencia y el camino hacia la iluminación. La serenidad en su rostro, pese a los signos evidentes del envejecimiento, transmite una sensación de paz interior y dominio propio. La composición general evoca un sentimiento de quietud y contemplación, invitando al espectador a sumergirse en la atmósfera espiritual que emana de la figura representada.