Chinese artists of the Middle Ages (王诜 - 绣栊晓镜图) – Wang Shen
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En primer plano, dos mujeres son el foco principal. Una, situada a la izquierda, sostiene un pequeño objeto rectangular, posiblemente un abanico o una bandeja con ofrendas, y observa a la otra con atención. Su postura es ligeramente inclinada, sugiriendo respeto o quizás una solicitud silenciosa. La segunda mujer, ubicada en el centro de la imagen, se encuentra frente a un espejo de marco ornamentado. Se dedica a contemplarse, su rostro iluminado por una luz suave que resalta sus rasgos y la textura de sus ropas. La posición de esta figura transmite una sensación de introspección y vanidad contenida.
El mobiliario presente – una mesa baja sobre la cual se apoya el espejo – contribuye a la atmósfera de recogimiento. Sobre la mesa, un pequeño recipiente con lo que parece ser incienso o flores añade un elemento ritualístico al escenario. La presencia de este objeto sugiere una preocupación por la limpieza espiritual y la armonía del entorno.
El fondo está definido por una pared de madera pintada en tonos verdes y ocres, salpicada de vegetación exuberante. Un árbol se extiende desde la parte superior izquierda, sus ramas proyectando sombras sutiles sobre las figuras. Esta vegetación no solo proporciona un telón de fondo natural sino que también simboliza el crecimiento, la vitalidad y una conexión con la naturaleza.
La paleta de colores es rica en tonos terrosos – ocres, marrones y verdes – con toques de rojo y blanco en los atuendos de las mujeres. Esta elección cromática refuerza la sensación de calidez y tradición. La pincelada es delicada y precisa, evidenciando una maestría técnica considerable.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con la belleza femenina, el ritual personal y la contemplación del yo. La interacción entre las dos mujeres sugiere una dinámica social compleja, posiblemente de servidumbre o amistad íntima. El acto de mirarse en el espejo puede interpretarse como un reflejo de la preocupación por la apariencia externa, pero también como una búsqueda de identidad y autoconocimiento. La escena evoca una atmósfera de tranquilidad y elegancia, invitando a la reflexión sobre los valores estéticos y sociales de la época en que fue creada.