Chinese artists of the Middle Ages (王振鹏 - 伯牙鼓琴图) – Wang Zhenpeng
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La figura principal es un hombre de edad avanzada, con barba larga y canosa que le confiere una apariencia sabia y venerable. Se encuentra sentado sobre las rocas, inclinado hacia adelante, con los dedos delicadamente posados sobre el instrumento musical que sostiene en su regazo. Su postura denota concentración intensa, casi extática, como si estuviera completamente absorto en la música que emana de él. La mirada es baja, dirigida a sus manos, sugiriendo una profunda conexión entre el músico y su arte.
A su derecha, una segunda figura, presumiblemente un joven, se encuentra de pie. Su vestimenta, más elaborada que la del anciano, contrasta con la sencillez de su atuendo. El joven observa al músico con una expresión difícil de interpretar: parece una mezcla de respeto, admiración y quizás también cierta tristeza o comprensión. La posición ligeramente alejada sugiere un rol de espectador, alguien que aprecia la música pero no puede participar plenamente en ella.
El terreno rocoso sobre el cual se asientan las figuras actúa como un elemento simbólico, representando posiblemente una base sólida para la creación artística y la sabiduría acumulada a lo largo del tiempo. La ausencia casi total de paisaje natural amplifica la focalización en los personajes y su interacción.
Los sellos rojos dispersos por el borde superior sugieren la autoría y validación de la obra, elementos comunes en la tradición pictórica oriental. La inscripción vertical en la esquina inferior izquierda podría ser una firma o un poema breve relacionado con la escena.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas como la amistad, la soledad, la trascendencia a través del arte y el paso del tiempo. La relación entre el anciano músico y el joven observador invita a reflexionar sobre la transmisión de conocimientos, la pérdida y la aceptación de la impermanencia. La música, aunque inaudible para el espectador, se convierte en un puente invisible que conecta a los dos personajes, creando una atmósfera de profunda emoción contenida. La composición evoca una sensación de quietud y contemplación, invitando al observador a sumergirse en el mundo interior de los personajes y a reflexionar sobre su propia existencia.