Correggio – Lunette with St. John the Evangelist
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En el centro, una figura masculina joven, ataviada con una túnica roja sobre una camisa lavanda, está absorta en la escritura. Su rostro, de expresión serena y contemplativa, se inclina ligeramente hacia un pergamino que sostiene sobre sus rodillas. La postura es de concentración intensa, casi de devoción. La mano derecha, sosteniendo un plumín, describe con precisión los caracteres sobre el papel.
A su lado derecho, un león oscuro, representado con gran realismo en la textura de su pelaje y la expresión de su mirada, se encuentra sentado, aparentemente como guardián o símbolo de poder y protección. La proximidad del león a la figura central sugiere una relación de simbiosis o dependencia; el león podría representar tanto la fuerza divina que inspira la escritura como un desafío a ser superado por el escriba.
A la izquierda de la escena, se vislumbra una mesa cubierta con un paño oscuro sobre la cual reposan libros y otros objetos escritos, posiblemente alusivos al conocimiento y la erudición. La disposición de estos elementos refuerza la idea del escriba como depositario de la sabiduría.
El anillo inscrito en latín alrededor de la luneta – ALTIVS CAETERIS DEI PATEFECIT ARCANA – sugiere una inscripción laudatoria, posiblemente relacionada con el mecenas o el propósito de la obra. La frase, que podría traducirse como “Alto sobre los demás, Dios ha revelado secretos”, alude a la divinidad y a la capacidad del individuo representado para acceder a conocimientos ocultos.
En términos subtextuales, la pintura parece explorar temas de fe, conocimiento y poder divino. La figura del escriba encarna la búsqueda intelectual y espiritual, mientras que el león simboliza tanto la fuerza bruta como la protección divina. La composición en sí misma, contenida dentro del marco semicircular, evoca una sensación de eternidad y trascendencia, sugiriendo que la escena representada es más que un simple retrato; es una alegoría sobre la revelación y el conocimiento sagrado. La paleta de colores, dominada por tonos cálidos como el rojo y el dorado, contribuye a crear una atmósfera de solemnidad y devoción.