Correggio – Nativity with Saint Elizabeth and the Infant Saint John the Baptist
Ubicación: Pinacoteca di Brera, Milano.
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A la izquierda, un hombre ataviado con una túnica verde y azul se arrodilla junto a otro niño, aparentemente interactuando con él en un acto de adoración o contemplación. Más allá de ellos, se distingue una figura femenina adicional, identificable por su vestimenta modesta y su posición ligeramente alejada del grupo principal; parece ser una espectadora silenciosa de la escena central.
El espacio se define por una densa vegetación que enmarca el escenario, creando una atmósfera de recogimiento y misterio. En el fondo, un paisaje montañoso se vislumbra bajo un cielo nublado, aportando profundidad a la composición. Un elemento arquitectónico fragmentado – lo que parece ser parte de una columna corintia – introduce una nota de antigüedad y ruina en el entorno natural.
Sobre este espacio, tres ángeles juguetones se despliegan en actitud despreocupada, añadiendo un toque de ligereza y divinidad a la escena. Su presencia sugiere una conexión entre lo terrenal y lo celestial.
La iluminación es suave y difusa, con destellos que resaltan las figuras principales y enfatizan su importancia dentro del conjunto. La paleta cromática se caracteriza por tonos cálidos – rojos, dorados, verdes – contrastados con los más fríos de los azules y grises presentes en el paisaje de fondo.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de fe, devoción y la divinidad encarnada en la infancia. La presencia simultánea de San Juan Bautista, representado como un niño junto a Jesús, sugiere una prefiguración del destino compartido por ambas figuras religiosas. La mujer central, con su gesto de bienvenida, podría interpretarse como una representación de la Iglesia o de la humanidad que acoge al Mesías. El paisaje boscoso, a menudo asociado con lugares de retiro y revelación divina, refuerza el carácter sagrado de la escena. La columna fragmentada, por su parte, puede simbolizar la decadencia del mundo antiguo frente a la llegada de una nueva era espiritual. En definitiva, la pintura invita a la contemplación sobre los misterios de la fe y la promesa de redención.