Unknown painters – Elizabeth (1533-1603), Queen of England
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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La mujer se presenta con un semblante sereno, aunque no exento de una cierta tensión perceptible en los ojos y la ligera contracción de los labios. La mirada es directa, estableciendo una conexión con el espectador que puede interpretarse como desafío o autoridad. El rostro, ovalado y anguloso, exhibe una piel pálida, idealizada según los cánones estéticos de la época, símbolo de nobleza y pureza.
La indumentaria es sumamente elaborada y ostentosa. Se distingue un tocado ricamente decorado con perlas y adornos florales, que se eleva sobre el cabello recogido. Alrededor del cuello, una inmensa gola de encaje blanco se alza como una barrera física y simbólica, acentuando la elegancia y el estatus social. El vestido, de un intenso color carmesí, está profusamente bordado con motivos florales y gemas que brillan bajo la luz. Las mangas anchas, también ricamente adornadas, revelan manos delicadas, cubiertas por unos guantes de encaje fino. En sus dedos se aprecian anillos, otro indicador de riqueza y poder.
La paleta cromática es dominada por el rojo carmesí, el blanco del encaje y los tonos dorados de los adornos, creando un efecto visual impactante que resalta la opulencia y la magnificencia. La luz incide sobre el rostro y las joyas, modelando las formas y acentuando su brillo.
Más allá de la representación literal, esta pintura transmite una serie de subtextos relacionados con el poder y la legitimidad. La rigidez en la pose, la severidad del semblante y la ostentación de la indumentaria sugieren una imagen de autoridad inquebrantable. La atención al detalle en los adornos y la meticulosa ejecución técnica denotan un deseo de impresionar y proyectar una imagen de grandeza. La palidez de la piel, el cabello claro y las facciones angulosas podrían interpretarse como atributos asociados a la virtud y la divinidad, reforzando así la idea de una gobernante legítima y bendecida por Dios. La presencia de los símbolos de riqueza – joyas, bordados, encajes – no es meramente decorativa; sirve para comunicar el poder económico y político que respalda su autoridad. En definitiva, se trata de un retrato diseñado para proyectar una imagen cuidadosamente construida de soberanía y majestad.