Unknown painters – Landscape | 167
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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En el primer plano, un árbol imponente ocupa la parte izquierda del lienzo. Su tronco oscuro y robusto contrasta con la delicadeza de su follaje, que se extiende hacia arriba, parcialmente ocultando el cielo. La vegetación en este plano es densa y detallada, aunque también parece sumida en una penumbra. A sus pies, un terreno rocoso desciende suavemente, insinuando una pendiente.
El segundo plano revela un valle o depresión del terreno, donde se vislumbran algunas estructuras que podrían interpretarse como ruinas o construcciones abandonadas. La luz tenue que las ilumina sugiere un estado de decadencia y olvido. Más allá, se extienden colinas o montañas, representadas con una pincelada más difusa y en tonos azulados, lo que acentúa la distancia y la atmósfera brumosa.
El cielo, ocupando la parte superior del lienzo, está cubierto por nubes grises y pesadas, sin rastro de luz solar directa. Esta ausencia de claridad contribuye a la sensación general de opresión y misterio. La paleta cromática es limitada, con predominancia de tonos oscuros: verdes apagados, marrones terrosos, azules sombríos y grises plomizos. La pincelada es visible y expresiva, lo que añade una textura palpable a la superficie del cuadro.
Subtextualmente, el paisaje parece evocar un sentimiento de soledad y desolación. La presencia del árbol solitario, las ruinas abandonadas y el cielo nublado sugieren temas como la transitoriedad de la vida, la pérdida y la melancolía. La ausencia de figuras humanas refuerza esta sensación de aislamiento y abandono. El paisaje no se presenta como un lugar habitable o acogedor, sino más bien como un escenario para la reflexión sobre la condición humana y el paso del tiempo. Se intuye una carga simbólica en la representación de la naturaleza, que podría interpretarse como un reflejo del estado interior del artista o como una alegoría de la fragilidad de las ambiciones humanas frente a la inmensidad del universo.