David Cox – On the Wye
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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En el frente, predominan los tonos terrosos: ocres, marrones y amarillos que definen un terreno irregular, salpicado por vegetación baja y algunos arbustos densos. Dos árboles esbeltos flanquean la escena, sus troncos se elevan con cierta verticalidad, mientras que su follaje, representado con pinceladas rápidas y ligeras, sugiere movimiento y vitalidad. La técnica utilizada para representar los árboles enfatiza la textura de la corteza y la delicadeza de las hojas, capturando la luz del sol filtrándose entre ellas.
El río, elemento central de la composición, serpentea a través del paisaje, reflejando el cielo nublado que se extiende en el horizonte. La superficie acuática está tratada con pinceladas horizontales que sugieren su fluidez y calma. A lo largo de sus orillas, una franja de vegetación más densa delimita la línea de agua.
En el fondo, las colinas se difuminan en un velo brumoso, perdiendo nitidez a medida que se alejan. La atmósfera es opaca, con nubes blancas y grises que ocupan gran parte del cielo, creando una sensación de inmensidad y misterio. La luz, aunque tenue, ilumina selectivamente ciertas áreas, acentuando el contraste entre las zonas iluminadas y las sombreadas.
Más allá de la representación literal del paisaje, esta obra parece sugerir una reflexión sobre la naturaleza humana y su relación con el entorno. La quietud del río, la verticalidad de los árboles y la inmensidad del cielo invitan a la contemplación y al recogimiento. La ausencia de figuras humanas refuerza la idea de un espacio natural virgen, alejado de la civilización y sus perturbaciones. Se intuye una búsqueda de armonía y paz interior en el contacto con la naturaleza, transmitiendo una sensación de melancolía serena y profunda conexión con el mundo rural. La pincelada suelta y espontánea contribuye a crear una atmósfera íntima y personal, como si el autor nos invitara a compartir un momento de contemplación silenciosa.