El Greco – St. Francis receives the stigmata
Ubicación: Academy Carrara (Accademia Carrara), Bergamo.
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La composición se centra en una escena de intensa carga espiritual que transcurre en un paisaje agreste y rocoso. Dos figuras dominan el primer plano: un hombre arrodillado con la cabeza gacha, sumido en una actitud de profunda devoción o dolor, y otro individuo de pie, con los brazos extendidos hacia el cielo en un gesto extático.
El personaje de pie viste un hábito monástico de tonos marrones y grises, lo que sugiere una orden religiosa humilde y austera. Su rostro refleja una expresión de éxtasis místico, casi de sufrimiento, mientras que sus manos abiertas evocan la recepción de algo invisible pero poderoso. La luz incide sobre su cuerpo, resaltando las líneas de tensión en su figura y enfatizando el dramatismo del momento.
El segundo personaje, arrodillado, se encuentra a una distancia mayor y en penumbra. Su postura encorvada y la ocultación de su rostro sugieren un estado de vulnerabilidad o sumisión. La diferencia en la iluminación entre ambos personajes podría interpretarse como una jerarquía espiritual: uno es el receptor de la gracia divina, mientras que el otro permanece en la oscuridad de la experiencia terrenal.
El fondo del cuadro está ocupado por un paisaje natural salvaje y desolado. Rocas imponentes flanquean la escena, creando una atmósfera opresiva y aislada. Se vislumbra vegetación escasa y un cielo turbulento con tonos rosados y ocres que sugieren una intervención divina o una revelación trascendental.
La paleta de colores es terrosa y apagada, dominada por marrones, grises y ocres, lo que refuerza la sensación de austeridad y recogimiento. Sin embargo, los toques de luz en el personaje principal y los destellos rosados en el cielo introducen un elemento de esperanza o trascendencia.
En términos subtextuales, la pintura parece explorar temas como la fe, el sacrificio, la conexión con lo divino y la experiencia mística. La escena podría representar un momento de transformación espiritual, donde el individuo se enfrenta a una prueba o recibe una gracia especial. El paisaje agreste simboliza las dificultades del camino religioso, mientras que la luz representa la presencia divina y la posibilidad de redención. La figura arrodillada podría ser interpretada como un testigo o un símbolo de la humanidad en su búsqueda de lo trascendente.