El Greco – Saint Francis Receiving the Stigmata
Ubicación: National Gallery, Dublin.
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
Aquí se observa una composición de marcado dramatismo religioso. La figura central, un hombre vestido con hábitos monásticos, domina la escena por su tamaño y posición diagonal, que le confiere dinamismo y sugiere movimiento ascendente. Su rostro, iluminado desde arriba, expresa una mezcla compleja de éxtasis y sufrimiento; los ojos están fijos en un punto fuera del plano pictórico, denotando una visión trascendental. La boca ligeramente entreabierta podría interpretarse como una expresión de dolor o de profunda contemplación.
El autor ha dispuesto un fondo celeste turbulento, con nubes azuladas que se arremolinan alrededor de la figura, creando una atmósfera opresiva y a la vez sublime. La luz, intensa y casi cegadora, emana desde lo alto, acentuando el carácter divino del evento representado. Esta iluminación teatral enfatiza la experiencia mística del personaje.
En primer plano, sobre una roca oscura y rugosa, se encuentra un cráneo humano. Este elemento, de clara alusión a la memento mori, introduce una reflexión sobre la mortalidad y la fugacidad de la vida terrenal, contrastando con la trascendencia espiritual que experimenta el monje. La mano extendida del personaje parece ofrecer o recibir algo invisible, posiblemente los estigmas que se le atribuyen.
La paleta cromática es limitada, dominada por tonos grises, azules y ocres, lo cual contribuye a crear una atmósfera de austeridad y recogimiento. El tratamiento de la pincelada es suelto y expresivo, con trazos visibles que añaden textura y vitalidad a la superficie pictórica.
Subyace en esta obra una profunda reflexión sobre el dolor, la fe y la redención. El contraste entre la belleza idealizada del personaje y la presencia macabra del cráneo sugiere una aceptación de la muerte como parte integral del camino hacia la salvación. La escena evoca un momento crucial de revelación divina, donde lo terrenal se fusiona con lo espiritual en una experiencia intensa y transformadora. Se percibe una tensión palpable entre el sufrimiento físico y la beatitud mística, invitando a la contemplación sobre los misterios de la fe.