El Greco – La Sagrada Familia con Santa Ana y San Juanito
Ubicación: Prado, Madrid.
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La mujer central, vestida con una túnica azul intensa, se presenta con una expresión serena pero melancólica, su mirada dirigida hacia abajo, como absorta en profunda contemplación. A su lado, una figura femenina mayor, envuelta en un velo blanco que acentúa sus facciones marcadas y la severidad de su rostro, extiende una mano hacia el niño que descansa sobre sus rodillas. Este gesto transmite una sensación de protección maternal y legado espiritual. El hombre, situado a la derecha, observa con atención la escena, su expresión sugerente de sabiduría y paternalismo.
Los dos niños completan el grupo familiar. Uno, el más pequeño, reposa en brazos de la mujer central, aparentemente dormido o absorto en sus propios pensamientos. El otro, un niño mayor, se encuentra a los pies del grupo, mirando hacia arriba con una expresión que mezcla curiosidad e inocencia.
El fondo es turbulento y dramático, dominado por nubes grises y oscuras que sugieren una atmósfera de tensión y misterio. La luz, aunque presente, es difusa y crea fuertes contrastes entre las zonas iluminadas y las sombrías, acentuando la expresividad de los rostros y el dramatismo general de la escena.
Subtextualmente, esta pintura parece explorar temas como la maternidad, la transmisión del conocimiento religioso a través de generaciones, y la contemplación de lo divino en la vida cotidiana. La severidad de las expresiones y la atmósfera opresiva sugieren una reflexión sobre el sufrimiento humano y la búsqueda de consuelo en la fe. El gesto de la mujer mayor extendiendo su mano hacia el niño podría interpretarse como un símbolo de la transmisión del legado espiritual, mientras que la mirada melancólica de la mujer central evoca una profunda introspección y conexión con lo trascendente. La composición, en su conjunto, irradia una sensación de solemnidad y devoción, invitando a la contemplación silenciosa y a la reflexión sobre los misterios de la fe.