Boris Kustodiev – Cabaret dancer
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En esta obra, el autor presenta una escena nocturna que transcurre en un espacio íntimo, presumiblemente un cabaret o sala de espectáculos. La atención se centra en una bailarina, colocada en primer plano y ejecutando un gesto dramático con sus brazos. Su figura, delineada con trazos rápidos y colores vibrantes –azul pálido, blanco y toques de rosa– contrasta fuertemente con el fondo más oscuro y terroso.
La iluminación es artificial y focalizada, destacando a la artista sobre el escenario. Un músico, sentado con una guitarra, acompaña su actuación; su presencia sugiere un ambiente musical y festivo. En las zonas oscuras se distinguen siluetas de espectadores, aunque sus rostros no son visibles, lo que enfatiza la naturaleza anónima y colectiva del público.
La composición es asimétrica y dinámica. La bailarina ocupa una posición central pero descentrada, creando una sensación de movimiento y espontaneidad. Las líneas diagonales y los trazos sueltos contribuyen a esta impresión de energía. En el balcón superior se observa la figura borrosa de un espectador, posiblemente un observador privilegiado o parte de la élite social.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas relacionados con la modernidad urbana, el entretenimiento popular y la representación femenina. La bailarina puede interpretarse como una figura ambivalente: objeto de deseo y admiración, pero también potencialmente vulnerable y explotada. El ambiente del cabaret sugiere un espacio marginal donde las convenciones sociales se relajan y los límites entre lo público y lo privado se difuminan.
La paleta de colores, aunque limitada, es expresiva y evocadora. Los tonos cálidos del fondo contrastan con la frialdad de la piel de la bailarina, creando una tensión visual que refleja las complejidades de la escena representada. La pincelada suelta y el enfoque en la atmósfera sugieren un interés por capturar no solo la apariencia física de los personajes, sino también sus emociones y sensaciones.