Ambrosius II Bosschaert – bouquet of flowers on ledge
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La disposición de las flores no es casual; exhibe una jerarquía visual donde los irises amarillos en la parte superior captan inmediatamente la atención, mientras que las tulipanes rojos y blancos, junto con amapolas escarlata y peonías blancas, crean un volumen denso y exuberante. Se observa una cuidadosa distribución de las tonalidades para evitar la monotonía, con toques de flores azules y pequeñas bayas que añaden profundidad a la composición.
En el primer plano, sobre el alféizar, se encuentran elementos adicionales: una flor caída, un caracol, una concha marina y lo que parece ser un huevo. Estos objetos introducen una dimensión de transitoriedad y decadencia, contrastando con la vitalidad de las flores en el jarrón. La presencia del insecto, una mariposa posada sobre una de las flores, refuerza esta idea de la naturaleza efímera y la interconexión entre la vida y la muerte.
El fondo, difuminado y pintado con pinceladas sueltas, sugiere un paisaje distante con montañas brumosas bajo un cielo azul celeste. Esta perspectiva abre el espacio visualmente, pero también acentúa la artificialidad del alféizar y la naturaleza contenida de las flores en el jarrón.
La pintura parece sugerir una reflexión sobre la belleza fugaz de la vida, la vanitas. La abundancia floral simboliza la prosperidad y el placer sensorial, mientras que los elementos de decadencia (la flor caída, el caracol, la concha) aluden a la inevitabilidad del paso del tiempo y la mortalidad. El contraste entre la exuberancia de las flores y la quietud de los objetos sobre el alféizar crea una tensión visual que invita a la contemplación sobre la naturaleza efímera de la existencia humana y la importancia de apreciar la belleza en su momento presente. La meticulosidad con que se representan los detalles botánicos, junto con la inclusión de elementos simbólicos, sugiere un mensaje moral o religioso subyacente, propio del género de las naturalezas muertas del siglo XVII.