Mariano Barbasan – #19527
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El cuerpo principal del paisaje está ocupado por una serie de montañas que se elevan gradualmente, sus cimas envueltas parcialmente en niebla o bruma, lo cual acentúa su monumentalidad y misterio. La luz incide sobre las montañas desde un ángulo oblicuo, generando fuertes contrastes entre zonas iluminadas y áreas en sombra. Esta iluminación no es uniforme; se percibe una intensa luminosidad en el cielo, donde nubes de tonalidades azuladas y blancas se despliegan con gran dinamismo.
El autor ha empleado una técnica pictórica que privilegia la pincelada suelta y expresiva, lo cual contribuye a transmitir una impresión de inmediatez y vitalidad. La textura del paisaje es palpable; las montañas parecen surgir directamente de la superficie del lienzo. La paleta cromática se centra en tonos verdes, marrones, azules y grises, aunque también se aprecian destellos de amarillo y naranja que animan la escena.
Más allá de una simple representación descriptiva, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre la grandeza de la naturaleza y la fugacidad del tiempo. La presencia de los animales en el primer plano contrasta con la inmensidad del paisaje montañoso, evocando una sensación de humildad ante la fuerza de la naturaleza. La atmósfera melancólica y contemplativa que emana de la obra invita a la introspección y al reconocimiento de la belleza efímera del mundo natural. La composición, con su marcada diagonal ascendente, sugiere un anhelo por lo alto, una búsqueda de trascendencia o quizás simplemente una invitación a perderse en la inmensidad del paisaje.