Mariano Barbasan – #19543
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El autor ha dispuesto al rebaño en primer plano, ocupando gran parte del espacio visual. Los animales se agrupan densamente, sus siluetas marrones y ocres se funden parcialmente entre sí, creando una sensación de masa compacta y movimiento colectivo. Algunos individuos se encuentran sobre el borde del promontorio, mientras que otros descienden por la ladera rocosa en un descenso gradual. La atención se centra en la textura de los pelajes, meticulosamente representados con pinceladas sutiles que sugieren la rugosidad y el volumen de las criaturas.
El promontorio, delineado con contornos precisos, se eleva sobre un paisaje montañoso difuminado en la distancia. La paleta cromática es limitada: tonos terrosos dominan la escena, acentuados por los matices rosados del cielo y el brillo lunar/solar. Esta restricción de color contribuye a una atmósfera melancólica y contemplativa.
Más allá de la representación literal de un rebaño de bisontes, la pintura parece sugerir temas relacionados con la fuerza bruta de la naturaleza, la vulnerabilidad de las especies ante su entorno y el paso del tiempo. La luz tenue y la disposición del rebaño evocan una sensación de aislamiento y fragilidad. El promontorio podría interpretarse como un símbolo de resistencia o de un punto de transición entre dos mundos. La presencia de la luna/sol, elemento central en la composición, añade una dimensión mística a la escena, sugiriendo ciclos naturales y la persistencia de la vida. La ausencia de figuras humanas refuerza la impresión de que se trata de una visión primordial, desprovista de intervención humana.