Rafael De Penagos – #12408
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En primer plano, tres figuras humanas ocupan la parte inferior del espacio pictórico. Un hombre, vestido con ropas sencillas, sostiene a un niño contra su pecho, protegiéndolo. A sus pies, una mujer, también vestida modestamente, parece observar la escena con expresión de preocupación o resignación. A su lado se apilan objetos que sugieren una vida humilde: frutas, una jarra y herramientas rudimentarias.
Sobre estas figuras humanas, se proyecta una figura espectral, casi etérea, que domina la composición. Esta entidad, de apariencia femenina, irradia un brillo blanco intenso y sostiene en su mano lo que parece ser una espada o daga, orientada hacia abajo como si estuviera a punto de caer sobre los humanos. La cabeza de esta figura está adornada con elementos que recuerdan a símbolos ancestrales o mitológicos, aunque su interpretación precisa resulta ambigua.
La tipografía situada en la parte inferior del cuadro es clara y legible, indicando una asociación médica dedicada a la lucha antituberculosa y otorgando un título de socio. Las fechas y firmas aluden a una formalización institucional.
El subtexto principal parece girar en torno a la protección frente a una amenaza invisible. La figura femenina espectral, con su espada amenazante, podría representar la enfermedad (la tuberculosis) o las fuerzas destructivas que acechan a la humanidad. Los humanos, por su parte, simbolizan la vulnerabilidad y la necesidad de defensa. El acto de proteger al niño refuerza el tema de la esperanza y la transmisión de valores en un contexto adverso. La composición sugiere una tensión entre lo terrenal y lo trascendental, entre la fragilidad humana y la fuerza implacable del destino o la enfermedad. La luz que emana de la figura superior ilumina a los humanos, sugiriendo una posible salvación o intervención divina, aunque el resultado final permanece incierto. La disposición de los elementos invita a la reflexión sobre la lucha contra la adversidad y la importancia de la protección comunitaria.