Joseph Mallord William Turner – Newark Abbey
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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En segundo plano, se alza una construcción arquitectónica de carácter religioso, posiblemente una abadía o monasterio, cuya silueta se difumina entre la bruma y la luz tenue. Su presencia imponente contrasta con la sencillez del barco, estableciendo una tensión entre lo espiritual y lo material, lo trascendente y lo terrenal. La arquitectura es fragmentaria; solo se aprecian partes de sus muros y torres, lo que sugiere un estado de decadencia o ruina, insinuando el paso del tiempo y la fragilidad de las instituciones humanas.
La vegetación juega un papel crucial en la composición. Un grupo de árboles frondosos, con ramas extendidas hacia el cielo, se ubica a la izquierda, actuando como una barrera natural que delimita la escena. Su follaje denso absorbe parte de la luz, creando sombras y contrastes que acentúan la atmósfera sombría. A su lado, un terreno irregular y cubierto de maleza sugiere un paisaje agreste y poco cultivado.
El cielo ocupa una porción significativa del lienzo, mostrando una paleta de colores suaves: tonos rosados, grises y azules se mezclan en una transición gradual que evoca el momento crepuscular. La atmósfera es densa, cargada de humedad y misterio.
La pincelada es suelta y expresiva, con trazos visibles que contribuyen a la sensación de inmediatez y espontaneidad. El artista parece más interesado en captar la impresión general del paisaje que en reproducir los detalles con precisión fotográfica. La luz no se distribuye uniformemente; se concentra en ciertos puntos, como el reflejo en el agua y las partes iluminadas de la abadía, creando focos de atención que guían la mirada del espectador.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como una reflexión sobre el declive de la autoridad religiosa frente al auge del comercio y la modernidad. La combinación de elementos naturales, arquitectónicos y marítimos sugiere una transición histórica, un momento en el que las viejas estructuras se desmoronan mientras surgen nuevas formas de poder y prosperidad. El ambiente melancólico y la luz crepuscular invitan a la contemplación sobre la fugacidad del tiempo y la inevitabilidad del cambio. La quietud general de la escena transmite una sensación de paz, pero también de resignación ante el destino inexorable.