Harold Harvey – The Blackberry Harvest
Ubicación: Private Collection
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En primer plano, tres mujeres se encuentran en movimiento. Una, ataviada con un pañuelo rojo que contrasta con su vestimenta oscura, avanza llevando una cesta rebosante de frutos oscuros – presumiblemente moras o zarzamoras, dado el título implícito de la obra. Su postura es dinámica, casi apresurada, sugiriendo la urgencia del trabajo. A su lado, otra mujer, con un sombrero de paja que le cubre parcialmente el rostro, parece interactuar con ella, quizás compartiendo una palabra o una observación sobre la cosecha. La tercera figura, ligeramente más alejada y en perfil, se inclina hacia adelante, sosteniendo también una cesta y mostrando una expresión de ligera preocupación o distracción.
En segundo plano, una cuarta mujer observa la escena desde una posición más estática, con un gesto que podría interpretarse como contemplación o supervisión del trabajo realizado. Su atuendo, similar al de las demás, pero con un pañuelo blanco cubriendo su cabello, le confiere una apariencia más modesta y tradicional.
El paisaje que sirve de telón de fondo es igualmente significativo. La extensión dorada del campo se extiende hasta donde alcanza la vista, interrumpida por unos árboles dispersos que delimitan el horizonte. El cielo, difuso y ligeramente nublado, contribuye a la sensación general de quietud y contemplación.
La pintura parece evocar una reflexión sobre la vida rural, el trabajo comunitario y la conexión con la naturaleza. La sencillez de los personajes y su vestimenta sugiere un contexto social humilde, mientras que la luz cálida y la composición equilibrada transmiten una sensación de paz y armonía. Se intuye una narrativa silenciosa, donde las acciones cotidianas se elevan a la categoría de rituales sociales, marcados por el paso del tiempo y la dependencia de los ciclos naturales. La interacción entre las mujeres, aunque breve e informal, sugiere vínculos familiares o comunitarios profundos, forjados en el trabajo compartido y la vida sencilla. El uso de colores terrosos y la pincelada suelta contribuyen a crear una atmósfera nostálgica que invita a la reflexión sobre un mundo rural idealizado.