Harold Harvey – My kitchen
Ubicación: Gallery Oldham, Oldham.
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A la izquierda, una mujer sentada en una silla de madera con un cojín rosa, se encuentra examinando una cesta repleta de frutas y verduras. Viste un traje oscuro con detalles que sugieren una clase social modesta, complementado por un sombrero de fieltro negro que le confiere un aire ligeramente bohemio o intelectual. Su postura es contemplativa, casi absorta en la selección del contenido de la cesta.
En contraste, a la derecha, otra mujer se yergue junto a una mesa cubierta con una tela blanca. Lleva un vestido sencillo y holgado, y su actitud es más activa: sostiene un langostino crudo con pinzas, como si estuviera preparándolo para cocinarlo. Su expresión es neutra, casi distante, sin establecer contacto visual directo con la mujer sentada. La mesa está dispuesta con elementos que indican una comida en preparación: verduras de hoja verde, un plato azul y copas de vidrio.
El suelo se caracteriza por un patrón de baldosas blancas y negras a cuadros, que aporta ritmo visual y dinamismo al conjunto. En el fondo, se vislumbran objetos domésticos como una lámpara de aceite colgada del techo y una olla sobre la estufa, contribuyendo a la atmósfera doméstica.
La pintura parece explorar temas relacionados con la clase social, el trabajo femenino y la cotidianidad. La yuxtaposición de las dos mujeres, una absorta en la selección de alimentos y otra ocupada en su preparación, podría interpretarse como una representación de diferentes roles dentro del ámbito doméstico. El contraste entre la vestimenta y la actitud de ambas figuras sugiere una posible diferencia de estatus o perspectiva sobre el trabajo y la vida diaria. La presencia del langostino, un alimento relativamente lujoso para la época, introduce una nota de ambigüedad: ¿es una señal de prosperidad o simplemente parte de una cena ordinaria? La frialdad general del ambiente, acentuada por la iluminación y los colores apagados, podría evocar una sensación de melancolía o resignación. La composición, en su sencillez, invita a la reflexión sobre las rutinas, las responsabilidades y las pequeñas alegrías que conforman la vida cotidiana.