Charles Demuth – flower study no 1 (cyclamen and hyacinth) 1923
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La técnica se caracteriza por una pincelada suelta y fluida, propia de la acuarela, que difumina los contornos y crea una atmósfera nebulosa. No hay una línea definida; todo parece disolverse en el agua coloreada. Esta falta de precisión contribuye a una sensación de fragilidad y transitoriedad.
El fondo es igualmente importante para comprender la obra. No se trata de un espacio tridimensional, sino de una serie de planos geométricos superpuestos que fragmentan la perspectiva. Estos ángulos oblicuos y las líneas diagonales sugieren una visión desestructurada, casi como si el artista hubiera capturado la escena a través de múltiples lentes simultáneamente. Esta fragmentación no busca representar la realidad tal cual es percibida, sino más bien expresar una experiencia subjetiva, un estado mental.
La disposición de los elementos sugiere una tensión entre lo orgánico y lo geométrico. Las formas naturales se ven constreñidas por la estructura abstracta del fondo, creando una sensación de inquietud o incluso de opresión. El contraste entre la vitalidad inherente a las flores y la rigidez de los planos traseros genera un diálogo visual complejo.
Subyace en esta obra una reflexión sobre la naturaleza de la percepción y la representación. El autor parece interesado no tanto en reproducir fielmente la apariencia de las flores, sino en explorar cómo estas se manifiestan en su mente, cómo son interpretadas por sus sentidos. La descontextualización de los elementos y la fragmentación del espacio sugieren una búsqueda de la esencia, un intento de destilar la experiencia visual a sus componentes más básicos. La obra invita a considerar el papel activo del espectador en la construcción del significado; no se nos presenta una imagen completa, sino una serie de pistas que debemos interpretar para reconstruir la escena. Se intuye una cierta melancolía, una conciencia de la fugacidad de la belleza y la inevitabilidad del cambio.