Bouquet of flowers. Phlox Ivan Kramskoy (1837-1887)
Ivan Kramskoy – Bouquet of flowers. Phlox
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Pintor: Ivan Kramskoy
Ubicación: The State Tretyakov Gallery, Moscow (Государственная Третьяковская галерея).
Kramskoi era un artista ruso que prefería la pintura de género e histórica de todos los géneros. Realizaba retratos ocasionales, criticaba los cuadros de otros y trataba de encontrar un criterio para juzgar con precisión el valor de las obras de arte. Defendía ferozmente la idea de que el artista no debía ser sólo un observador, sino un maestro, y que los cuadros debían servir para algo más que para reflejar la realidad. En su opinión, deben desarrollar la moral e invitar al individuo a tomar decisiones morales, deben inculcar el gusto y reflejar temas profundamente populares y nacionales, recordando a la gente quiénes eran y de dónde venían. Los cuadros de su mundo debían ser una guía, una luz en la oscuridad, y este mismo deseo de luz, de libertad, de bien, es evidente no sólo en las obras del artista, sino también en su vida. Por ejemplo, cuando la Academia de Artes convocó un gran concurso para celebrar el centenario de su existencia e invitó a los estudiantes que tenían preferencia por la pintura histórica a pintar sobre el mismo tema - "El festín en el Valhalla"-, Kramskoy, junto con otros catorce, abandonó sus muros y salió a defender su libertad. Sin embargo, como cualquier artista, Kramskoi no sólo tiene cuadros ideológicamente alineados, destinados a inspirar e instruir, sino también sencillos, desprovistos de un objetivo tan supremo.
Descripción del cuadro Un ramo de flores de Ivan Kramskoi
Kramskoi era un artista ruso que prefería la pintura de género e histórica de todos los géneros. Realizaba retratos ocasionales, criticaba los cuadros de otros y trataba de encontrar un criterio para juzgar con precisión el valor de las obras de arte. Defendía ferozmente la idea de que el artista no debía ser sólo un observador, sino un maestro, y que los cuadros debían servir para algo más que para reflejar la realidad.
En su opinión, deben desarrollar la moral e invitar al individuo a tomar decisiones morales, deben inculcar el gusto y reflejar temas profundamente populares y nacionales, recordando a la gente quiénes eran y de dónde venían.
Los cuadros de su mundo debían ser una guía, una luz en la oscuridad, y este mismo deseo de luz, de libertad, de bien, es evidente no sólo en las obras del artista, sino también en su vida.
Por ejemplo, cuando la Academia de Artes convocó un gran concurso para celebrar el centenario de su existencia e invitó a los estudiantes que tenían preferencia por la pintura histórica a pintar sobre el mismo tema - "El festín en el Valhalla"-, Kramskoy, junto con otros catorce, abandonó sus muros y salió a defender su libertad.
Sin embargo, como cualquier artista, Kramskoi no sólo tiene cuadros ideológicamente alineados, destinados a inspirar e instruir, sino también sencillos, desprovistos de un objetivo tan supremo. "Ramo de flores" es uno de esos cuadros. Representa un ramo de flores en un jarrón, sin ningún fondo. Sólo la luz que cae, delineando vagamente los contornos de una mesa redonda, les sirve de apoyo. No hay fondo alguno, ni cortinas ni cortinajes, sólo luces y sombras brillantes.
Pero las flores mismas son muy brillantes y saturadas. Es como si alabaran la vida, incluso cuando se cortan y se colocan en un jarrón. El cuadro está lleno de tonos vivos: incluso en una obra sencilla, Kramskoy glorifica la existencia, y para ello sólo necesita los colores adecuados.
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En este óleo, el autor presenta un exuberante ramo de flores que ocupa casi toda la extensión del lienzo. La composición se centra en una densa agrupación de phlox, exhibiendo una rica paleta de colores que varía entre tonos intensos de rojo carmesí y fucsia, degradándose hacia matices más suaves de rosa y lila. Las pinceladas son visibles y empastadas, sugiriendo una textura casi táctil en los pétalos y el follaje.
El ramo se encuentra dispuesto dentro de un jarrón oscuro, posiblemente de cerámica o vidrio teñido, cuya forma es irregular y orgánica. La oscuridad del recipiente contrasta fuertemente con la vivacidad cromática de las flores, intensificando su presencia visual. Algunos tallos y hojas se extienden más allá del borde del jarrón, rompiendo la rigidez formal y aportando dinamismo a la escena.
El fondo es difuso y neutro, en tonos marrones oscuros y verdosos apagados, lo que permite que las flores sean el foco absoluto de la atención. La luz parece incidir desde arriba, iluminando los pétalos superiores y creando sombras sutiles que definen su volumen.
Más allá de la representación naturalista del ramo, se percibe una reflexión sobre la fugacidad de la belleza y la vida. La abundancia floral puede interpretarse como un símbolo de prosperidad y vitalidad, pero también evoca el inevitable proceso de marchitamiento y decadencia. La oscuridad del jarrón podría aludir a la transitoriedad de la existencia, mientras que las flores en plena floración representan un instante efímero de perfección. La pincelada suelta y expresiva sugiere una apreciación por la naturaleza imperfecta y cambiante.
En general, la pintura transmite una sensación de intimidad y contemplación, invitando al espectador a reflexionar sobre la belleza intrínseca del mundo natural y la delicadeza de la vida misma.