Marcus Stone – The Gamblers Wife
Ubicación: Private Collection
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La mujer, vestida con un elegante atuendo del siglo XVIII – un vestido rosa pálido adornado con encajes y una elaborada peluca roja –, se encuentra sentada en un banco de jardín. Su postura es contemplativa, casi melancólica; la mirada dirigida hacia un punto indefinido, lejos del grupo masculino. Una cesta de mimbre reposa a sus pies, posiblemente conteniendo objetos personales o incluso dinero, lo que podría insinuar una dependencia económica. La luz incide sobre su rostro, resaltando una expresión de resignación o aburrimiento.
El grupo de hombres al fondo está absorto en un juego de cartas. Sus gestos y expresiones sugieren concentración e intensidad, pero también una cierta frivolidad. La presencia de una estatua ornamental entre ellos añade un elemento de formalidad y opulencia a la escena. La disposición de los personajes sugiere una jerarquía social: los hombres, ocupando el espacio central del juego, parecen tener el control, mientras que la mujer permanece en una posición periférica, observadora pasiva.
La escalera de piedra que se eleva hacia un edificio al fondo introduce una sensación de verticalidad y distancia. Podría simbolizar una aspiración a algo más allá de su presente o, alternativamente, reforzar la idea de una separación entre ella y el mundo masculino que domina la escena.
El uso del color es notable: los tonos pastel predominan en la figura femenina, contrastando con los colores más oscuros y terrosos del jardín y la vestimenta de los hombres. Esta diferencia cromática acentúa su aislamiento y vulnerabilidad dentro del contexto social representado.
En términos subtextuales, la obra parece explorar temas como el papel de la mujer en la sociedad de la época, la dependencia económica, la superficialidad del ocio aristocrático y la tensión entre apariencia y realidad. La imagen evoca una atmósfera de quietud engañosa; bajo la fachada de elegancia y refinamiento, se intuyen conflictos silenciosos y una sensación de desasosiego. La mujer, aislada en su contemplación, parece ser un símbolo de la fragilidad y el encierro dentro de las convenciones sociales.