Hans Eworth – William Cecil, 1st Baron Burghley
Ubicación: Hatfield House, Hertfordshire, UK
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La iluminación es suave y dirigida principalmente hacia el rostro y las manos del retratado, resaltando su piel envejecida y sus rasgos distintivos: un mentón prominente, ojos penetrantes y una barba canosa cuidadosamente recortada. La expresión es seria, casi severa; no hay rastro de sonrisa o jovialidad, lo que sugiere una personalidad reservada y posiblemente austera.
La vestimenta juega un papel crucial en la construcción del retrato. El atuendo negro, ricamente adornado con detalles intrincados, denota riqueza, poder e influencia social. La presencia de un cuello alto y rígido, característico de la moda de la época, acentúa su postura formal y digna. Se aprecia una cadena o banda que cruza el pecho, posiblemente un símbolo de algún cargo oficial o pertenencia a una orden honorífica.
En primer plano, sobre una mesa de madera oscura, se vislumbran algunos objetos: lo que parece ser un pequeño cofre con compartimentos, un documento enrollado y una pluma estilográfica. Estos elementos sugieren la ocupación del retratado como hombre de estado o funcionario público, implicando su dedicación al trabajo administrativo y a la gestión de asuntos importantes.
El fondo arquitectónico, aunque difuso, introduce una referencia a la cultura clásica, reforzando la idea de un individuo culto y conocedor de las tradiciones. La cortina verde oscuro, por su parte, contribuye a crear una atmósfera de solemnidad y misterio.
En términos de subtexto, el retrato transmite una imagen de autoridad, responsabilidad y seriedad. El hombre se presenta como un individuo poderoso y respetado, consciente de su posición social y comprometido con sus deberes. La ausencia de elementos decorativos superfluos y la sobriedad del entorno refuerzan esta impresión de rectitud y austeridad moral. La mirada directa al espectador establece una conexión personal, invitando a la contemplación y a la reflexión sobre el carácter y la importancia del retratado. Se intuye un hombre que ha vivido experiencias significativas y que posee un conocimiento profundo de los asuntos del mundo.