Jean Baptiste Siméon Chardin – Still life with a casserole
Ubicación: Private Collection
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
El punto focal reside en una cazuela de cobre, abierta y con su tapa adyacente, que irradia un brillo cálido. Junto a ella, se aprecia un pescado envuelto en tela blanca, cuya textura se revela mediante pinceladas delicadas y precisas. A la izquierda, una olla de cerámica oscura, parcialmente visible, sugiere una preparación culinaria reciente o inminente.
Complementando el conjunto, encontramos huevos blancos dispuestos sobre la superficie, junto a un mortero de madera con su pistilo, indicando la posibilidad de preparar condimentos o especias. En la esquina inferior izquierda, unas verduras, posiblemente puerros o cebollas verdes, añaden una nota de frescura y vitalidad al conjunto.
La paleta cromática es dominada por tonos terrosos: ocres, marrones y grises, con toques de cobre que aportan calidez. La ausencia de figuras humanas sugiere un enfoque en la materialidad de los objetos y su significado simbólico.
Más allá de una simple representación de elementos domésticos, esta pintura invita a reflexionar sobre la transitoriedad de la vida y el paso del tiempo. El pescado, símbolo de abundancia y fertilidad, se presenta envuelto, como si estuviera esperando su destino final. La cazuela abierta podría interpretarse como un recipiente para compartir o una promesa de sustento. La disposición aparentemente aleatoria de los objetos sugiere una escena congelada en el tiempo, evocando la fugacidad del momento presente. El mortero y las verduras aluden a la transformación de ingredientes simples en algo más complejo y nutritivo, quizás una metáfora sobre la creación artística misma o la capacidad humana para encontrar belleza en lo ordinario. La atmósfera general transmite una sensación de melancolía serena, invitando a la contemplación silenciosa.