Jean Baptiste Siméon Chardin – Musical Instruments and Parrot
Ubicación: Private Collection
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En primer plano, se disponen varios instrumentos musicales: un violín apoyado sobre partituras desordenadas, un oboe rojo que destaca por su color vibrante y un arpa pequeña, casi infantil en sus dimensiones. La disposición no parece casual; el violín, instrumento de gran prestigio social y simbólico, domina la escena, mientras que el oboe, con su tonalidad llamativa, atrae la atención del espectador. Las partituras, extendidas sobre una tela blanca, sugieren un proceso creativo interrumpido o abandonado.
A la derecha, un loro negro se posa sobre lo que parece ser un cofre o caja de madera, observando al espectador con una mirada inquisitiva y ligeramente desconfiada. La presencia del loro introduce una dimensión adicional a la composición. En el contexto artístico de la época, los loros eran símbolos complejos: podían representar la imitación, la vanidad, incluso la capacidad de repetir palabras sin comprender su significado. Su posición, elevada sobre el cofre, le otorga un cierto protagonismo y sugiere una observación silenciosa de lo que ocurre en la escena.
El fondo está definido por una pared de aspecto tosco, con manchas y grietas que acentúan la sensación de antigüedad y decadencia. A la izquierda, se aprecia una lámpara de bronce ornamentada, cuyo brillo contrasta con la oscuridad circundante. La lámpara podría interpretarse como un símbolo de iluminación intelectual o espiritual, aunque su luz es limitada y no disipa completamente las sombras.
La pintura evoca una reflexión sobre el paso del tiempo, la fragilidad de la creatividad y la naturaleza efímera de la belleza. El desorden de las partituras, la oscuridad generalizada y la mirada penetrante del loro sugieren una sensación de pérdida o melancolía. La presencia de los instrumentos musicales, que deberían evocar alegría y armonía, se ve atenuada por el contexto sombrío en el que se encuentran, creando una tensión entre la expectativa y la realidad. Se intuye un subtexto sobre la fugacidad del arte y la vida misma, donde incluso los objetos más preciados están sujetos a la erosión del tiempo. La composición invita a la contemplación silenciosa y a la reflexión personal sobre temas universales como la memoria, el olvido y la transitoriedad de la existencia.