Part 2 Prado Museum – Maestro de Miraflores -- Degollación de San Juan Bautista
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En segundo plano, se despliega una multitud reunida en un espacio arquitectónico definido por arcos y columnas. Esta multitud observa la ejecución con expresiones variadas: algunas parecen mostrar curiosidad, otras consternación o incluso placer sádico. La disposición de los personajes sugiere una corte real o noble, donde el evento es presenciando como parte de un espectáculo público. Se aprecia una marcada diferencia en la iluminación entre el primer plano y este segundo plano; mientras que la ejecución está iluminada con una luz más directa y cruda, la multitud se encuentra envuelta en una penumbra que acentúa su carácter espectral y distante.
La composición general transmite una sensación de teatralidad y formalismo. La disposición vertical de los planos enfatiza la jerarquía social y el poder del ejecutor sobre la víctima. El uso del color es significativo: los tonos oscuros dominan la escena, pero se ven realzados por los colores vibrantes de las vestimentas, especialmente el rojo y el dorado, que simbolizan tanto la sangre derramada como la riqueza y el estatus social.
Subtextualmente, la obra plantea interrogantes sobre la naturaleza del poder, la justicia y la fe. La indiferencia o incluso el disfrute de la multitud sugiere una crítica a la corrupción moral y la banalización de la violencia. La presencia de la mujer que recibe la cabeza decapitada podría interpretarse como un símbolo de la pérdida, el luto o incluso la complicidad en el acto violento. El contraste entre la brutalidad del evento central y la elegancia del entorno arquitectónico crea una tensión visual que invita a la reflexión sobre las contradicciones inherentes al poder humano. La escena evoca una atmósfera de solemnidad y tragedia, dejando al espectador con una sensación de inquietud y desasosiego.