Part 2 Prado Museum – Alma Tadema, Sir Lawrence -- Escena pompeyana, o La siesta
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La mujer, vestida con una túnica blanca que se adhiere a su figura, toca una flauta doble con evidente destreza. Su rostro, iluminado por una luz suave, denota concentración y quizás un ligero desinterés en el efecto de su música sobre el hombre yacente. Este último, semidesnudo, reposa sobre una cama o diván cubierto con telas ricas, sumido en un sueño profundo que parece ajeno a la melodía. Su postura es relajada, casi abandonada, sugiriendo una vida de placeres y despreocupación.
Entre ambos, una pequeña estatua de bronce, posiblemente representando a una figura mitológica, se alza sobre el banco. Su presencia introduce un elemento de formalidad y quizás una referencia a la cultura y las creencias del entorno representado. A sus pies, una profusa disposición de flores caídas, frutas maduras (uvas, higos) y objetos de bronce –un cántaro, una bandeja– contribuyen a la atmósfera de abundancia y decadencia.
En el extremo derecho, un anciano con barba blanca observa la escena con semblante sombrío. Su postura encorvada y su expresión melancólica contrastan fuertemente con la despreocupación del hombre dormido y la serenidad de la mujer que toca la flauta. Podría interpretarse como una figura moralizante, un observador consciente de la fugacidad del tiempo y los placeres terrenales.
La composición se caracteriza por una distribución equilibrada de las figuras y objetos, creando una sensación de armonía y quietud. La luz, cálida y difusa, acentúa el realismo de las texturas (la seda de las telas, el bronce de la estatua, la piel del hombre dormido) y contribuye a la atmósfera general de sensualidad y decadencia. La escena evoca una reflexión sobre el paso del tiempo, la belleza efímera y la inevitable confrontación con la mortalidad, contrastando la juventud y el placer con la sabiduría y la melancolía de la vejez. Se intuyen subtextos relacionados con la vanidad de los deseos mundanos y la importancia de la contemplación filosófica frente a la búsqueda del placer inmediato.