Bernhard Cutmann – art 174
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La paleta cromática se centra en tonos azules y verdes, modulados por sutiles gradaciones de gris y violeta. El agua, representada con pinceladas rápidas y vibrantes, refleja el cielo nublado, intensificando la sensación de quietud y misterio. En la lejanía, una ciudad emerge tenuemente entre la bruma, sus edificios apenas perceptibles, sugiriendo una presencia humana distante y casi fantasmagórica.
La técnica pictórica es notable por su libertad expresiva. Las pinceladas son visibles y dinámicas, contribuyendo a la impresión de inmediatez y espontaneidad. No se busca la representación mimética de la realidad, sino más bien la transmisión de una impresión subjetiva, un estado anímico particular.
Más allá de la descripción literal del paisaje, el cuadro parece sugerir una reflexión sobre la naturaleza transitoria de las cosas. La bruma que envuelve la ciudad y difumina los contornos del horizonte alude a la fugacidad del tiempo y a la impermanencia de la existencia humana. Los cipreses, símbolos tradicionales de duelo y memoria, refuerzan esta idea de melancolía y reflexión sobre el paso del tiempo. El cuadro no es simplemente una representación de un lugar; es una evocación de un sentimiento, una atmósfera cargada de nostalgia y contemplación. La ausencia de figuras humanas acentúa la sensación de soledad y aislamiento, invitando al espectador a sumergirse en su propia introspección.